martes, 20 de agosto de 2013

EL SUELDO DE LOS POLÍTICOS

Ahora que es de actualidad el tema de los sobresueldos o complementos que los políticos cobran a través de su partido y que surgen abundantes críticas al respecto, vuelve a plantearse la cuestión de si los políticos españoles están bien o mal pagados y si sus retribuciones oficiales y con cargo al presupuesto público son suficientes para que los mejores y más preparados acudan a la política y al desempeño de puestos de gestión y responsabilidad en el nivel político. Una opinión muy extendida es que estos sueldos son insuficientes y que no resultan atractivos para aquellos que obtienen bastante más en su actividad privada y profesional. Cuando he tenido que opinar al respecto, siempre he pensado que el pagar más y mejores sueldos a los políticos no iba a cambiar sustancialmente la situación actual y que a lo largo de los años nos ha llevado al sistema de nombramientos existente.

El mismo debate presidía mis primeros años de funcionario y la misma idea de que era preciso pagar mejor a los funcionarios, señalándose que a la Administración opositaban sólo los procedentes de las zonas económicas más deprimidas o que en las zonas más desarrolladas industrial o empresarialmente no se acudía tanto al sector público pues era fácil obtener trabajo en el sector privado y empresarial y que en consecuencia, al estar mejor retribuidos en él, los mejores no acudían a la Administración pública. El estudio de estos aspectos es propio de los sociólogos y desconozco cuál es la situación actual, pero sí es posible afirmar que la realidad es que ha habido cada vez más un mayor crecimiento del sector público y de los puestos que lo componen. De todas formas en esto del empleo y de acudir o no a unas oposiciones es indudable que las bonanzas económicas y las crisis tienen indudable influencia y en las épocas malas se prefiere el sueldo seguro al importante pero escaso y difícil, pero en lo público no se excluye que con un sistema limpio de selección por mérito y capacidad acuda gente buena y con capacidad clara de crecer profesionalmente.

Pero como nos referimos a los políticos y no a los funcionarios, lo que creo importante es si la estructura de la organización de los partidos políticos y sus élites, burocracia y grupos, y que son según la Constitución el instrumento fundamental para la participación política, son realmente el instrumento adecuado para que los mejores, a través de ellos, ocupen los puestos de mayor relevancia en el gobierno o gobiernos de España o por el contrario su funcionamiento y organización no permiten que ello ocurra así y si los mejores accediendo a un partido, sólo por serlo, van a alcanzar el poder político o se van a ver impotentes para luchar con la élite de cada momento y si vale la pena abandonar tu actividad para introducirte en la maquinaria burocrática del partido y si ésta se funda en la capacidad y mérito o no y se ha convertido en un sistema de grupos, leales y fieles que nada tiene que ver con la excelencia. Para mí es evidente que nadie con un buen desarrollo profesional, que no sea un funcionario, va a introducirse en la maquinaria de un partido bien para batirse el cobre frente a cualquiera con poder en su seno o bien para enfrentarse a la oligarquía o grupo dominante con los que nunca va a entenderse. Gran vocación hay que tener para luchar contra molinos de viento o unos ciertos gramos de locura. En todo caso, los más o menos buenos, puede que sean afiliados, pero ocupados en lo suyo sin formar parte de su burocracia, sólo aparecen cuando el partido necesita dar buena imagen y se les pide que figuren en listas o ocupen algún puesto de dirección política en la Administración. ¿Cambiarían esta situación unos sueldos con cargo al presupuesto público mayores y más importantes? Personalmente lo dudo, puede que los mismos que hay ahora con su misma formación o mediocridad siguieran en el machito, pero cobrando más. Y, además, ¿acabaría ello con el sistema actual de financiación de los partidos? Creo que no. Los problemas son otros. Si se quiere que los buenos del sector privado o de cualquier sector acudan a los puestos de gobierno, sólo basta con compensar a título particular y de modo público, las pérdidas o descompensación que sufran en su patrimonio y situación social y, aún así, ¿quien puede asegurar que ese sistema no se corrompa también y se nos venda como gran figura a quien no lo es? Ejemplos tengo en mi experiencia en orden a nombramientos de libre designación, en los primeros tiempos de la autonomía.

Pero cuando escribo estoy pensando en los altos puestos de gobierno y responsabilidad, pero es que el nivel político actual en el seno de la Administración pública es cada día mayor, pese a la crisis económica, y es por ello por lo que cualquier reflexión ha de contar con todos los puestos políticos que hoy existen. En el blog se ha dicho con frecuencia que el nivel político en la organización administrativa pública, comienza en los puestos de directores generales y es un hecho histórico que desde el período tecnócrata de la etapa franquista se ha venido diciendo en diversas circunstancias que estos puestos debían reservarse para los funcionarios públicos y no ser cargos políticos, pero la realidad, siempre tozuda, es que nunca ha sido así y siempre ha quedado como un nivel de nombramiento por decreto de los gobiernos y como cargos claramente políticos, sin perjuicio de que algunas leyes, como la del Estado y su organización, consideren, según los casos, que han de estar reservados en favor de funcionarios o especialistas, cosa que no siempre se cumple. En estas circunstancias, sin control real jurisdiccional de los nombramientos, estos cargos son políticos y, por ello, nada garantiza que se cubran por profesionales o especialistas ni que rija el mérito y la capacidad; de modo que, es frecuente que los nombrados puedan ser afiliados al partido y ver retribuidos sus servicios con nombramientos en este nivel. También es frecuente que los afiliados a los partidos, nombrados en puestos políticos, confieran un porcentaje de su sueldo al partido como contribución. Hecho que indica a quién deben su progreso y también el por qué el partido prefiera a los suyos. De otro lado, la afiliación a un partido y el plegarse al sistema de líderes y lealtades es un modo de carrera administrativa y política.

Pero además de que el nivel político en las Administraciones públicas ocupan puestos claramente administrativos o de dirección administrativa de carácter público, eliminando un nivel directivo público de carácter profesional y resultado de una carrera y especialización. La organización administrativa púbica de confianza  y de naturaleza eventual, también se ha incrementado mucho, como medio de colocar a partidarios, amigos, familiares, etc. Con ello en el concepto de políticos han que colocar, perdón por la expresión, a toda esta morralla, más allá de sus condiciones y méritos personales. ¿Alguien cree que todos estos niveles han de gozar de altas retribuciones para que acudan a ellos los mejores? Más bien constituye la zona prioritaria de racionalización y de supresión de puestos y de ahorro económico.

Pero aún hay otra cosa a considerar y es que el nivel político tiene también otra zona de su propiedad, la de las empresas públicas, cuyo crecimiento ha sido exagerado, por razones que nada tienen que ver con la eficacia y racionalidad, sino con creación de ámbitos de consecución de financiación de partidos, cuando no de latrocinio, en la que se nombran preferentemente a testaferros y no  a profesionales y especialistas y en los que se han utilizado las tendencias en favor de la gestión privada o new management, para epatar a inocentes y diletantes o aficionados y para vender humo de progresía y modernidad, pero que sirven para derrochar dinero público e enriquecer a aprovechados.

En definitiva, el problema para mí no es el sueldo de los políticos sino el sistema establecido que teje una malla de corrupción y favorece la apropiación de lo público por los políticos, sin olvidar a los sindicatos (no me refiero a sus afiliados ni sus empleados) que también forman una burocracia que hay que incluir como formando parte de la estructura política y de los partidos.  En estas condiciones ¿aumentamos los sueldos o reformamos el sistema y reducimos la organización política?

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