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lunes, 16 de febrero de 2026

LOS INTELECTUALES Y LA POLÍTICA

Casi todo lo que vamos aprendiendo o experimentando con el estudio y la investigación descubrimos que ya estaba analizado por los clásicos o autores de cita obligatoria según materia. Realmente la creación en las ciencias sociales es poca  y el descubrimiento experiencia personal es mayor.

Los intelectuales que nos han escrito las obras importantes en estas ciencias nos enseñan. Sus críticas destapan lo inadecuado y señalan lo adecuado. Por tanto el receptor puede utilizar lo aprendido de modo correcto o incorrecto, según su personalidad, ideología y fines o situación profesional.

Pero lo que pretendo, básicamente, es apoyarme hoy en un trabajo, que descargué en su día, de Rosendo Bolivar Meza, La teoría de las élites en Pareto, Mosca y Michels. De Michels hay muchas referencias en este blog y en mi último libro sobre juridicidad y organización.

Lo primero a destacar es que las élites y las burocracias están presentes en toda organización y que atendiendo a Max Weber la burocracia es un sistema de dominación, pero añadiendo que toda forma de gobierno lo es. Las investigaciones importantes son aquellas que nos muestran como están compuestas las élites presentes en cada sistema de dominación, pues ellas serán las dominantes en realidad y la masa, el resto, los dominados, formándose flujos o corrientes entre los mejores de las clases que no constituyen la élite para incorporarse a ella o a su burocracia. Con lo que ello, paradójicamente, los hace más dependientes de la élite. Creando dependencias la élite trata de permanecer en el poder y puede que use la fuerza o el fraude en la ley y así en el artículo se refleja lo siguiente:

Cuando el poder de la élite gobernante se encuentra amenazado y, por alguna razón, renuncia a hacer frente a la fuerza con la fuerza, se debilita y cualquier pequeño grupo puede imponerle su voluntad. Si por cuestiones de conveniencia la élite en el poder no usa la fuerza y recurre al fraude y al engaño para desbaratar al adversario, sólo logrará con el tiempo que el poder pase de una minoría a otra, o que se dé una nueva composición de sí misma. Para los teóricos de esta línea de pensamiento el ideal de reemplazar el uso de la fuerza por la ley es una penosa ilusión.

Es general en toda esta doctrina política que hay unos pocos que dominan y muchos que son los dominados. Cuanto más escribo, como siempre me encuentro con lo mucho que se puede reflejar, pensando en nuestra situación política y social. También que las élites están organizadas y la masa no. 

Todo lo reflejado lo conocen las élites pues incorporan a sus burocracias personas que por su formación lo han aprendido y los utilizan a conveniencia.

Quiero recordar lo ya dicho por mí, en este blog, de que cuando al principio de la autonomía fui nombrado Director de la función pública en Valencia, de que al cabo de los años, ya cesado y en puestos de concurso, hablé con quien propuso mi nombramiento al gobierno valenciano, sabiendo que se había obtenido mi currículum, le pregunté qué porqué se me eligió a mí y me contesto " porqué estabas en el mercado". Muy gráfico, siempre hay algo que puede ser la razón que te incline a formar parte de la burocracia de una élite.

Adelanto que en esta forma de estado y de participación ciudadana y como élites hay que tener muy presentes a los partidos políticos

Dejo este planteamiento inicial para que quede manifiesta la intención que me lleva a realizar esta entrada y alguna o algunas más, según mis ideas acudan al ir escribiendo. Es importante pues se explican en todo esto lo bueno y lo malo de la política y de la utilización de lo que se enseña para bien y para mal y si cabe, ante ello, el optimismo o el pesimismo. 






viernes, 27 de enero de 2023

DERECHO, ADMINISTRACIÓN Y LA DOBLE O TRIPLE BUROCRACIA




En las anteriores entradas vengo insistiendo en los problemas democráticos actuales y en las relaciones entre organización y derecho. Continuando con ello hay que destacar que desde los políticos se trata un modo u otro, de crear dependencias que eviten la personalidad independiente y experta de los altos funcionarios y se trata de atemperar el procedimiento administrativo mediante la neutralización de determinados trámites, para lo que se ha de conseguir que la misma satisfaga o convenga a los intereses de los propios funcionarios, que evitan con ello el enfrentamiento directo o, en su caso, desaparece cualquier documento que pueda ser base de una responsabilidad funcionarial por ilegalidad. 

De este modo, a veces, el burócrata no señala cómo se ha de cumplir y ejecutar la ley, sino que se limita a aconsejar el modo de hurtar su plena aplicación y cómo burlarla, sin que su intervención conste en el expediente, base de toda resolución administrativa. Se corrompe el procedimiento administrativo, el cual se parchea mediante añadidos documentales, en caso de recurso judicial, confiando en el peso que aún sigue teniendo la opinión de la Administración pública frente a la del recurrente, creyendo que la primera defiende el interés general y el segundo su propio interés y no el derecho en sí. En el fondo, rige el sistema formal al considerar que la Administración cumple con el principio de legalidad, lo que no sitúa al ciudadano recurrente al mismo nivel, de modo que se enfrenta al poder más que a una argumentación jurídica a juzgar. Paradojas que conllevan las desviaciones del modelo formal y su valor jurídico. Influyendo también la mayor especialización o no de los jueces no sólo en el derecho administrativo sino en el administrar y comportamiento burocrático y por supuesto las deviaciones en el sistema que crea su propia burocracia.


La situación nos muestra dos clases de burócratas en la organización propiamente administrativa que afectan al sistema jurídico: los políticos que dirigen la Administración y los altos cargos administrativos y cuerpos superiores que al estar regidos por un régimen considerado de confianza quedan dependientes de los políticos y ejercen su propio poder en la organización en aquellas cuestiones que a aquellos no les interesan, política o particularmente; de modo que obedecen cuando el político ordena y le facilitan su “política” , o, como se ha apuntado, no dejan huella de su intervención si el caso es descarado. En esta situación, el ciudadano es el mayor perdedor y a la larga el Derecho.


En la formulación de las políticas públicas, al no realizarse propiamente en el seno de un procedimiento administrativo, el político decide, simplemente, teniendo en cuenta o no la opinión administrativa sobre su eficacia, ineficacia o su imposibilidad, de modo que se aprueba la política e, incluso, se hace ley, creando con posterioridad una ineficacia que repercute política y administrativamente pero que puede, o pudo, ofrecer efectos políticos de rentabilidad electoral.


Quizá otra cuestión que provoca distorsiones y evita la burocracia especializada o jurídica es la frecuente alegación de la mayor eficacia de la empresa privada sobre la administración pública, cuando los fines y procedimientos de unos y otros no tienen nada que ver y sus burocracias tampoco y sus efectos tampoco. En la privada la eficacia residen la producción y el beneficio y su plazo es la inmediatez o la brevedad. En la pública reside en la eficacia del Derecho y de la gestión a su alrededor y la de las políticas públicas como fines de servicio a toda la ciudadanía y no al propietario o al partido o gobierno de turno. En la privada, pues, el derecho es instrumento de organización y en la pública es fin y obligación de ejecución y eficacia general para la sociedad.


Pero el ánimo político, en contra de la característica de una administración pública y los procedimientos garantes que exigen el derecho, la restricción del gasto o su eficiencia y el interés público, quiere también la inmediatez porque los partidos y los gobiernos tienen como fin el mantenimiento en el poder y de este modo las políticas públicas necesarias quedan a los procesos y procedimientos legales, si bien se promuevan, o no, según el momento sea propicio a dicho mantenimiento y efectos electorales que lo facilitan. El derecho de fin pasa a instrumento y el sistema se pervierte pues las políticas ya consolidadas como actividad deben mantenerse, pero eso queda como problema de gestión, y ésta puede ser una molestia para el político o disturbarle, siendo un problema burocrático –administrativo y presupuestario.

En una palabra no le renta al político, que prefiere lo nuevo o el cambio que, si lo hacen, produce la proliferación de las leyes y se complica y contradice el ordenamiento con tanta norma que ignora las otras existentes que pueden ser afectadas por las nuevas o que los principios generales se quebranten. El político se puede decir no tiene conciencia del ordenamiento jurídico sino de la ley como instrumento. Por ello si impone su voluntad por encima de todo y la organización administrativa está a su servicio preferente, la legalidad peligra y el sentido jurídico se pierde.

De este modo, en la discusión general o en cada caso por querer la inmediatez en la resolución y ante los procedimientos administrativos que la evitan y el funcionario lo pone de relieve o no es dependiente, el político tiene un obstáculo en la independencia funcionarial y, no estimando los procedimientos jurídicos, considera mejor los procedimientos empresariales y decide la creación de empresas u organismos que se sometan o gestionen por derecho privado y éste y la organización empresarial penetra no siempre allí donde corresponde, que es en el campo del servicio o de las prestaciones o producción de bienes, huyendo del derecho administrativo cuando se hace en campos diferentes al de la simple gestión administrativa, para actuar al arbitrio del político. De otra parte, la creación de empresas privadas resulta un modo de financiación del partido político gobernante y de malversación de fondos que son públicos y no privados e ingresos que no se muestran. Se entra en un proceso de corrupción.

Pero aún así el político ve al funcionario profesional y de carrera inamovible como un “pepito grillo” molesto y que constituye un impedimento a su arbitrariedad y mando y ordeno; y además de las organizaciones administrativas paralelas formadas por eventuales pervierte el sistema de libre designación, la cual de hecho deja de ser un sistema de mérito y capacidad. De este modo, el fin burocrático político es crear dependencias que configuren decisiones favorables a su voluntad y, además, para ello o por ello, la normativa contiene ambivalencias o conceptos muy generales o de los llamados en blanco que se interpretan a conveniencia, subvirtiendo los principios generales de la organización pública que, cada vez más, es de dominio político, aún más cuando los parlamentos son dominio de los partidos. Incidiendo en la organización, corrompiendo sus fines se logra un derecho a la medida y en el que los principios que puedan oponérsele se tachan de inadmisibles.

Si la tendencia de apropiación de recursos humanos y materiales es general en toda organización y, por tanto partido, con mayor o menor fuerza o descaro, la función pública deja de serlo y se convierte en un grupo de personas al servicio del político que, a su vez, lo está al partido y su burocracia, y ésta se sitúa en el seno de la Administración pública por los sistemas de provisión, nombramiento, confianza e idoneidad. Administración pública, gobierno y partido se confunden.

Una contribución importante a esta situación, sobre todo a la de dependencia garante de la arbitrariedad política, es la degeneración del sistema de libre designación que de ser excepcional, como se ha reflejado, pasa a general y más allá de los altos funcionarios llegando a toda jefatura administrativa. Ya no es un sistema que considera la adecuación y conocimientos de la persona para atender, no actos administrativos, sino políticas públicas en determinados campos cuyos conocimientos y posiciones sobre ellos generen la confianza del político que ha de designar.

Los burócratas se defienden con un determinado corporativismo generador de rotaciones en dichos altos puestos según el partido político que domine la Administración o producen normas por las que cuando no “ejercen” sigan percibiendo la retribución alcanzada. Situación que de nuevo satisface a las dos partes: la política y la administrativa. De hecho configuran un cuerpo directivo sin que, en el fondo, les interese una formalización jurídica de la figura del directivo público pues ya lo son.

En conclusión, formalmente, hay un modelo weberiano, pero ni siquiera empresarial sino de servicio incondicional y de partido y de mala utilización de los recursos humanos de nivel superior al restar valor al mérito y la capacidad y al quebrantarse el principio de legalidad y abundar la visión “preceptualista” que es incapaz de interpretar el Derecho para quedarse en el decreto o las instrucciones. La garantía que es característica del Derecho administrativo y de la Administración pública desaparece, si bien parezca respetarse, y aún más cuando el burócrata ya no se rige por él o los principios, sino por la norma y por sus propios o corporativos intereses, igualmente de permanencia y retribución sin ser controlado en su eficacia

En definitiva, esta doble burocracia hace que la eficacia jurídica y la administrativa queden aminoradas en favor de la eficacia política, pero que es la de los intereses de partido o del poder gubernamental que con él se confunde. La organización burocrática así puede afectar a los intereses generales y fines públicos o principios generales jurídicos y administrativos y fines de la organización, bastardeándola. El modelo formal, que el jurista maneja no resulta eficaz, la conflictividad crece, el ciudadano sufre y la democracia alega una soberanía de pueblo que organizativamente no puede existir.

Es posible que queden desviaciones por mostrar, pero en realidad cada comportamiento político y administrativo ilegal ya constituye una desviación de lo exigible formalmente. Por eso aún se considera que el juez es el último refugio de la legalidad, pero tampoco quiere saber nada del comportamiento burocrático y considera la organización administrativa en su configuración ideal y, al mismo tiempo, tiene su propia burocracia con desviaciones en su organización y finalidad. La doble burocracia se convierte en triple.













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martes, 27 de diciembre de 2022

PENSANDO EN LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA REPASO LA OBRA DE ROBERT MICHELS IV

He seguido escribiendo ydel análisis de la burocracia en relación con el poder y la oligarquía, selecciono esto, que parte del estudio de lo escrito por Robert Michels y mis reflexiones. 

"Muy extenso es el libro de Michels y mucho lo que se refere a las élites y a su circulación según Pareto pero con reservas en cuanto Michels considera que en multitud de los casos no es un simple reemplazo de un grupo de élites por otro, sino un proceso continuo de mezcla, donde los antiguos elementos atraen, absorben y asimilan a los nuevos. Esto se puede considerar que se produce en la Administración pública española, en parte debido a su estructura corporativa y otras cuestiones a tratar en otro punto.


Pero Michels se refiere directamente a la burocracia bajo el titulo: La burocracia: tendencias de centralización y de descentralización de la Segunda parte de su libro: Tendencias autocráticas de los líderes. En él señala que el Estado necesita una burocracia numerosa y complicada y explica como el Estado en su autoconservación incorpora el mayor número posible de intereses y la sociedad, ante la oferta de puestos que ello produce y en sus diferentes clases, busca puestos seguros en la administración estatal y nos llega a decir que: La inmensa  demanda de puestos que resulta de estas condiciones, demanda siempre mayor que la oferta, crea el llamado <<proletariado intelectual>>. Casi de inmediato nos señala: Periódicamente el Estado, en aprietos ante la demanda creciente de puestos, se ve en la obligación de abrir las compuertas de sus canales burocráticos para admitir a millares de nuevos postulantes y transformar a éstos de peligrosos adversarios en defensores y partidarios celosos.


En lo que nos está mostrando Michels hay que tener en cuenta que él parte de su análisis de los partidos políticos y su evolución burocrática y oligárquica y en lo que dice, pienso que cuando dice Estado, si lo entendemos como partido que gobierna y éste actúa como método de defensa en la creación de puestos burocráticos, no va a crear una burocracia sujeta a la ley sino sujeta al partido, al Gobierno o a sus políticas públicas. De modo que el modelo burocrático de Weber, en el que la sujeción es a la ley o a los reglamentos quiebra, pues la tendencia del Estado o partido dominante en él como gobierno, tratará de dominar en la totalidad de aspectos y principalmente para preservar el modelo y la apariencia de sometimiento a  la ley, con su burocracia dependiente, irá a la conversión de la ley en trasunto de su voluntad e interés y de dominar las oligarquías que se le opongan. La tendencia imparable es crear el mayor número de sujetos dependientes para conservar el poder en una carrera que conduce al totalitarismo y la dictadura e inevitablemente destruyendo oligarquías o haciéndolas más pequeñas y dispersas territorialmente, hacerse con un poder centralizado de apropiación de los medios de producción y, en consecuencia, con la eliminación de la contribución económica libre del sector privado.


Michels señala que la burocracia crece constantemente y que cada vez es menos compatible con el bienestar general pero que sin embargo esa maquinaria burocrática es esencial para satisfacer la demanda de puestos seguros por parte de la población pero también como un medio de autodefensa para el Estado. 


También nos dice: El partido político tiene muchos rasgos comunes con el Estado. Así el partido donde el círculo de las élites está restringido por demás, o donde, en otras palabras, la oligarquía se compone de un número demasiado pequeño de individuos, corre el riesgo de ser barrido por las masas en un momento de efervescencia democrática. Por eso el partido moderno, como el Estado moderno, procuran a su propia organización la base más amplia posible de individuos.


Desde que se escribió hasta el día de hoy esta evolución ha seguido en cuanto las acciones y competencias estales van creciendo cada día.


Otra manifestación destacable que nos dibuja lo que supone la desaparición de la burocracia profesional por una politizada o dependiente en aquel momento en que nos habla de la burocracia partidaria, como enemigo jurado de la libertad individual y de toda iniciativa audaz en materia de política interna, resaltando la dependencia de los superiores como causa de la supresión de dicha individualidad y expone: El espíritu burocrático corrompe el carácter y engendra pobreza moral. En toda burocracia observamos una cacería de puestos, una manía por el ascenso y obsequiosidad hacia aquellos de quienes dependen los ascensos; hay arrogancia hacia los inferiores y servilismo hacia los superiores.


Pero Michels también se refiere a las tendencias de descentralización y centralización y así dice: Como todo sistema de centralización, la burocracia encuentra la manera de justificarse en la experiencia según la cual hace falta una cierta unidad administrativa para la conducción rápida y eficiente de los asuntos. Muchísimas funciones, tales como encuestas estadísticas, jamás pueden ser realizadas de manera satisfactoria en un sistema federal. No debemos, olvidar lo que escribe es pensando en los partidos políticos. 


De otro lado, desde el punto de vista burocrático aún en un sistema federal cada organización tiende a crear su propio centro y burocracia, y después de hacer una larga exposición sobre las tendencias autocráticas en el partido socialista nos dice que en el movimiento laborista moderno en los límites de la organizaciones nacionales se veían tendencias de descentralización que se daban junto a las centralizadoras y así manifestaba: La idea de la descentralización avanza constantemente, junto con la rebelión contra la autoridad suprema del ejecutivo central, pero sería grave error imaginar que estos movimientos centrífugos son el fruto de las tendencias democráticas de las masas, o que están maduras para la independencia. Su causa tiene en ralidad un carácter opuesto. La descentralización es la obra de una minoría compacta de líderes quienes, obligados a subordinarse al ejecutivo central del partido en un todo, prefieren retirarse a sus propias esferas locales de acción (estado menor, provincia o comuna).


Atendiendo a esto, creo que en la descentralización se van a producir nuevas autocracias y a su servicio nuevas burocracias y así esto es lo que lo antedicho nos obliga a pensar. Pero Michels nos dice más cosas al efecto, que considero necesario transcribir por su interés y por sus líneas históricas, y este párrafo que sigue al anterior es una muestra en este sentido: El grupo de líderes  que se encuentra en minoría no tiene amor por la centralización nacional fuerte. Por ser incapaz de gobernar todo el país, prefiere gobernar su casa, pues considera que es mejor reinar en el infierno que servir en el paraíso y así nos muestra un trazo de historia: Vollmar, por ejemplo que tanta influencia tiene en su propia tierra –ha sido llamado el rey sin corona de Bavaria- no puede consentir en desempeñar un papel secundario en la organización nacional alemana. ¡Antes será primero en Munich, que segundo en Berlín!


Muchas cuestiones sugieren estos párrafos pensando en la actualidad española en la que escribo y de la que cabría añadir como estas tendencias descentralizadoras o independientes pueden llegar a apoyar una tendencia autocrática central siempre que a cambio de conservar su poder favorezca el suyo descentralizado, que no dejará de ser insaciable hasta reducir la autocracia centralizada en una más. Para ello, lógicamente necesitan de unas burocracias serviles alejadas del modelo weberiano y derecho vigente. Así se puede considerar el modelo weberiano ligado al derecho mientras que la realidad que nos describe Michels, en la descentralización, me lleva a considerar que supone la destrucción del derecho vigente para crear un nuevo derecho en el nuevo centro y de nuevo una burocracia jurídica, aplicadora del derecho en cuanto éste refleja la voluntad del nuevo autócrata y la burocracia le mantiene, no por servilismo sino por su capacidad técnica de ejecutar el nuevo ordenamiento. Podríamos considerar la existencia de un círculo que como todo círculo resulta cerrado. El poder como elemento principal presente en la realidad."


Para pensar pues.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

PENSANDO EN LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA REPASO LA OBRA DE ROBERT MICHELS III

Trabajando en el Capítulo VI de mi obra Juridicidad y organización en la Administración española, dedicado a la burocracia acabo de escribir lo que sigue y he considerado en compartir en este Blog:

"De este modo se produce esa oligarquía que domina las organizaciones y los que llama Michel “conducidos”, o sea los ciudadanos, quedan al margen de las decisiones que, según vemos en la obra de Baena, la van a tomar las oligarquías de los distintos partidos, grupos sociales y de intereses; apareciendo algo que el modelo weberiano no contempla que es esa red de relaciones con sus puntos de conexión, que en el Estado tiene como escenario la Administración pública. Y aquí hay que volver al profesor Baena y su concepto de cúpula organizacional que resume diciendo: Puede considerarse cúpula organizacional al conjunto de relaciones que mantiene el subsistema político-administrativo con los demás subsistemas económico, ideológico o de creencias, de comunicación o información, y técnico. De la cúpula dependen organizaciones concretas que ejecutan o cumplen los fines a que se refieren los diversos subsistemas[1]. De este modo, los partidos políticos forman parte de esta red de relaciones, aunque su influencia en la configuración de los dirigentes y cargos políticos es indudable. Pero lo que nos muestra Baena es una imagen del dirigente reducida frente a la amplitud de la cúpula, si bien él y el partido del gobierno o el que tiene mayoría en él, son los que van a manejar, traducir y transformar en decisión concreta y, normalmente, jurídica, la información y peso general del resultado de todas las relaciones. Pero este es un plano específicamente social y político, previo a la norma o ley o, incluso, al margen de ella.

 

Por su parte Michels también, en su contemplación de la democracia y la oligarquía, es consciente de la existencia de unas tendencias que se oponen a la democracia y de estos grupos que en toda asociación nacen, no con la amplitud referida por Baena, pero sí de este modo: Desenmarañar y formular en detalle el complejo de tendencias que se oponen a la realización de la democracia, son cuestiones de dificultad suma. Podemos intentar, sin embargo, el análisis preliminar de ellas. Encontraremos que son calificables en tendencias que dependen: 1) de la naturaleza del individuo humano; 2) de la naturaleza de la lucha política; y 3) de la naturaleza de la organización. La democracia conduce a la oligarquía y contiene necesariamente un núcleo oligárquico. Está muy lejos de la intención del autor, al formular este aserto, el propósito de enjuiciar a ningún partido político, ni a sistema alguno de gobierno, para que respondan a un a una acusación de hipocresía, Esta ley, característica especial de todo conglomerado humano tiende a crear camarillas y subclases, está como toda ley sociológica más allá del bien o del mal.

 

Weber pues se manifestaba o limitaba al modelo formal y todo lo antedicho nos lleva a la distinción entre lo formal y la realidad; lo primero como deseo y, se quiera o no, bien hipotético manifestado en la ley y la realidad en un análisis de lo que ocurre en la práctica bien como evaluación del cumplimiento de la ley, bien como manifestación de la desviación del sistema y del fin declarado como común. Y lo que nos dice Michels afecta también a la Administración pública al funcionario y de ahí que unos sean burócratas por su poder y  otros simples peones. Pero es que la Administración - y la Política como tal- que tiende a formalizar tanto el derecho como la organización, es el centro de las relaciones que configuran la cúpula organizacional. Es por ello que la Administración no puede ser considerada sólo desde la ciencia jurídica y la organización sólo desde la estructura. Las tendencias de Michels y las relaciones destacadas por Baena son también organización y bases de su configuración y decisiones.

 

Lo que nos señala Michels es que toda organización tiende a la oligarquía, pero debemos considerar que su importancia social dependerá de qué tipo de oligarquía y en este trabajo y en el modelo weberiano se funda en el saber, técnica, experiencia, profesionalidad y sin dejar de lado la moralidad. Precisamente factores oligárquicos. Sin olvidar, que la ley está por encima de todo sujeto, lo que se manifiesta claramente en estos clásicos, pero con la realidad de tener que conocer la de cómo se ha configurado dicha ley y para  analizar las normas, para atender al Derecho, sobre todo en dicha moralidad y en su universalidad y la del hombre."


Espero que interese.



[1] Baena del Alcázar. Manual de Ciencia de la Administración. Op.cit. Pág. 29


viernes, 9 de diciembre de 2022

PENSANDO EN LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA REPASO LA OBRA DE ROBERT MICHELS II

En la primera entrada dedicada a repasar la obra de Robert Michels ponía en evidencia los tres problemas que consideraba este autor y respecto del tercero, el de la democracia, su exposición pretende la comprensión de dicho problema. Michels titula su obra como Los partidos políticos y la califica de estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna. Se suele destacar de este autor su formulación de la existencia  de la denominada ley de hierro de la oligarquía, no identificada ésta como la aristocracia hereditaria o de los ricos, sino de modo general como dominación de un grupo o grupos y resume esta ley que tanto en autocracia como en democracia siempre gobernará una minoría.

sábado, 29 de enero de 2022

LA DIGITALIZACIÓN NOS LLEVA A UNA BUROCRACIA LOCA.

La última entrada y la cuestión  actual sobre los bancos me han recordado lo escrito el mes de agosto pasado en mi blog en Facebook.  Aquí está:


LA DIGITALIZACIÓN NOS LLEVA A UNA BUROCRACIA LOCA.


Agosto mes de obras a porrillo y declaraciones responsables que son irresponsables y para licencias no ajustadas a la obra real a realizar. Ruidos incesantes, vibraciones que parecen terremotos, radios de los obreros a toda pastilla, gritos de los mismos que resuenan en los deslunados, ascensores repletos de polvo y rayas, puertas de los patios abiertas para mayor comodidad obrera y peligro de robos, etc. Permisos a las comunidades de vecinos sorteados, elementos comunes afectados y más etc.


Vecinos estresados llaman a la policía local una y otra vez, unas veces sin éxito y otras con uno parcial, pues se comprueba una infracción, pero no te consta nada de su verdadero alcance. De modo, que si quieres actuar jurídicamente no hay prueba de dicho alcance y si se acomoda o no la licencia a la realidad de la obra y, en consecuencia, no puedes acreditar las infracciones antes de dicho ajuste ni las responsabilidades consiguientes. La policía local, escasa en dotaciones es la que da la cara. Mientras el Ayuntamiento se refugia en su web, así que cuando se pretende que la inspección de las obras y comprobación del ajuste de las licencias a la realidad compruebe desajustes y levante acta que conste en el expediente empieza un calvario. La web no contempla el caso en su apartado de reclamaciones y quejas, así que preguntas en atención al ciudadano cómo puedes hacerlo o si puedes hablar con el servicio de inspección correspondiente. Resultado:


Ayto: No puedes reclamar oralmente o vía telefónica, ha de hacerlo en quejas y reclamaciones pero con certificado digital. 


Tú: No lo tengo, dices, es una cuestión muy breve.


Ayto: Nada, entonces ha de ser por vía presencial.


Tú: Tengo una persona dependiente no me puedo desplazar, además soy anciano. Ya no sé siquiera si el autobús llega a la plaza del Ayuntamiento. ¿Cómo puedo obtener el certificado digital?


Ayto.: Por vía presencial.


Un calor me invade, despotrico, me indigno, le deseo a la funcionaria que pase en el futuro calvario semejante, no como castigo sino como experiencia iluminadora. Antes de cerrar la web miro la vía presencial y me dice que has de pedir cita previa. No sigo, no quiero saber si es presencial también. No estoy dispuesto a ir.


Echo de menos el sistema telefónico antiguo, la ventanilla con colas y sin cita previa, el ver a los funcionarios que sestean y a los que trabajan, el que come el bocadillo, el que echa los tejos a su compañera. También lo gritos de los situados en la cola reclamando que uno no se cuele y el “sólo voy a hacer una pregunta", etc.


Todo digitalizado, el teléfono que siempre dice: “todos los operadores están ocupados” en catalán, dicho valenciano, y en castellano. Ya no se habla de la “finestreta única” se ha pasado de moda, hoy hay montones de apartados en la web municipal, que te permite ver a través de las denominaciones de las concejalías y áreas, la importante desconexión con la gestión que interesa a los ciudadanos y su carácter publicitario. Mientras el edificio físico municipal ¿cómo está? ¿vacío o lleno? ¿Cuántos superhéroes han alcanzado a llegar a él, superando las barreras burocráticas de la digitalización? ¿Llegan sanos o dementes? ¿Se acuerdan de para qué fueron? ¿Encuentran a alguien? A lo mejor todo es inútil ya no hay nada que hacer, has llegado tarde.


La digitalización protege al funcionario, al cargo político, al infractor y te mata poco a poco, se ha complicado lo sencillo. Mientras el cuerno de la abundancia municipal rebosa de subvenciones, de cargos digitales (qué casualidad, también es digitalización), amiguetes, partidarios etc. Ni un duro para servicios básicos. Como Fernando VII y la Constitución: “Vayamos todos por la digitalización y la informatización” y ármese Vd. de paciencia.

lunes, 17 de enero de 2022

EL CRECIMIENTO ORGÁNICO Y LA POLÍTICA FISCAL.

Escrito en mi blog de Administración pública en Facebook:

Hoy en día desde la llegada de la democracia y los partidos políticos y los sindicatos funcionariales, nuestra Administración pública ha crecido enormemente.
Puede que si se compara con la austeridad en la época franquista se alegue que ello obedece a las nuevas políticas sociales, antes inexistentes. Pero no puede saberse sin un análisis previo de los recursos que en realidad necesitan dichas políticas, que en su mayor parte se formalizan en subvenciones sectoriales y de finalidades electorales.
Sea como sea, mi opinión, es que el crecimiento obedece a la desaparición práctica de una Administración profesional, arrinconada por una amplia estructura política y de confianza, que recompensa al partidario. El cual es más fiel y "servicial" que el funcionario formalista y legalista que pone pegas a la iniciativa política y su inmediatez. Limitando en su arbitrariedad al electo político que se aupa en su superioridad sobre la ley, ya que él considera que la conforma materialmente y en la práctica.
De este modo, se rodea de amigos, de familiares y retribuye a los de su partido o compañeros de gobierno. La estructura crece, tanto la de confianza como la administrativa burocrática y también lo hace el gasto y el presupuesto, ya crecido por esas políticas "sociales" improvisadas o arbitrarias.
¿Cómo cubrir los gastos de políticas no productivas económicamente ? Aumentando el presupuesto y la fiscalidad. La presión fiscal aumenta, la política fiscal se convierte en un poder inatacable y en un ser insaciable y el ciudadano se agota y es alimento para ella.
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