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martes, 30 de junio de 2026

MÁS SOBRE GULICK Y LA CIENCIA ADMINISTRATIVA.

 

Otra de las cuestiones que preocupó a muchos de los estudiosos de la administración pública era si configura su estudio una ciencia o era simplemente un arte. Aún hay alguna resistencia a referirse a su estudio y análisis como una ciencia y se prefiere simplemente referirse a Administración pública. No considero hoy esto como algo fundamental y ya en mi libro Juridicidad y organización en la Administración pública española simplemente  mostré mi conformidad con la opinión de Robert Michels que nos decía  que " la finalidad principal de la ciencia no es crear sistemas sino, más bien, facilitar su comprensión". Así pues, le llamen como le llamen, esa es la finalidad de sus estudios, además de formar la comprensión y opinión del que la configura.

Gulick, en la obra Papers of the public administration, concreta " La ciencia de la administración es, por lo tanto, el sistema de conocimiento mediante el cual las personas pueden comprender las relaciones, predecir resultados e influir en los desenlaces en cualquier situación en la que se organicen para trabajar juntas con un propósito común. La administración pública es la parte de la ciencia de la administración que se ocupa del gobierno y, por lo tanto, se centra principalmente en el poder ejecutivo, donde se realiza la labor gubernamental, aunque obviamente también existen problemas administrativos relacionados con los poderes legislativo y judicial. La administración pública es, por consiguiente, una rama de la ciencia política y una de las ciencias sociales. En la actualidad, la administración es más un arte que una ciencia; de hecho, hay quienes afirman dogmáticamente que nunca podrá ser otra cosa. ....

 "La diferencia fundamental entre las ciencias exactas y las ciencias sociales, como se ha dicho a menudo, radica en que estas últimas deben ocuparse de valores y fines. Esto es lo que las sitúa en una categoría distinta a la de las ciencias mecanicistas."....... y sigue más adelante "  El valor encuentra su lugar en estos estudios no en la enunciación de variaciones e interrelaciones, sino en la valoración social y la aplicación de los principios deducidos. Esto no significa que el científico social no se vea guiado en su búsqueda de la verdad por sus intereses individuales en materia de valores, sino que los resultados de su trabajo, si se realizan científicamente, pueden ser utilizados por otros con valores completamente diferentes." después nos dice que el bien fundamental de la ciencia administrativa es la eficiencia y continúa diciendo: "La eficiencia es, por consiguiente, el axioma número uno en la escala de valores de la administración. Esto genera un aparente conflicto entre la administración y ciertos elementos de la escala de valores de la política, ya sea que usemos este término en su sentido científico o popular. Pero tanto la administración pública como la política son ramas de la ciencia política, por lo que, en última instancia, nos vemos obligados a matizar el concepto puro de eficiencia a la luz de la escala de valores de la política y el orden social"..

Manifiesta que " esto sitúa a la administración en un aparente conflicto con ciertos elementos de la escala de valores de la política, tanto si utilizamos ese término en su sentido científico como en el popular. Pero tanto la administración como la política son ramas de las ciencias políticas, por lo que, en última instancia, nos vemos obligados a matizar el concepto puro de eficiencia a la luz de la escala de valores de la política y del orden social".

Más adelante, considero que refiriéndose a los conflictos apuntados, nos dice que se ha señalado que el sistema de repartición de cargos por los partidos políticos destruye la eficiencia  en la administración pública pero que es necesario para mantenerlos y que dichos partidos son necesarios para mantener la estructura de gobierno y que si él la Administración desaparecerá.

Esto se nos muestra hoy con mucha crudeza en España y resulta uno de los elementos fundamentales en llevar a la corrupción, por eso siempre ha de haber una línea de separación entre el elemento político y el profesional administrativo. Únicamente el sistema muestra esta conexión con tanta claridad en el estadio superior y anterior a la ejecución propiamente dicha, para afectar al espacio de conexión entre administración y gobierno, que en España marcaba la libre designación y el concepto estricto del directivo público y no empresarial. Hoy yo diría que no hay ni gobierno ni administración y es más bien porque son complementarios y sustento mutuo, recordando que se gobierna administrando y hoy, por ejemplo estamos administrando sin presupuestos en cuatro años.

A todo esto añadiría que los valores son la base de la democracia y de cualquier acción política, por ello en la corrupción se trata de crear valores uniformes para dominar el Estado, lo que no es precisamente democrático. La diversidad es necesaria y su mantenimiento, es cierto, depende de los valores que defiende cada partido. Pero el freno es el Derecho, sobre todo el universal o natural, ya que el positivo se manipula por los partidos y el dominio del poder legislativo. 

En fin, sirva lo reflejado para pensar y comprender.


l 


viernes, 27 de junio de 2025

VALORES , DERECHO, AMINISTRACIÓN Y SOCIEDAD

 Me preguntaba, en estado de ánimo decaído, sobre qué escribir en nueva entrada de este blog, ya que pienso que lo aprendido por mi parece que no vale, que hay otras cosas, e influye en ello la reciente sentencia de Tribunal Constitucional y la reforma proyectada del poder judicial o jurisdiccional.

Acudo, para encontrar tema e inspiración, al libro Estudio de la Administración Pública de Dwight Waldo, que era de actualidad en mi todavía juventud, y me hace recordar que un tema central del libro era poner de relieve que la separación entre política y administración no era realidad. La afirmación a mí se me presentaba en el estudio de la Ciencia de la Admistración y no tanto en el Derecho Administrativo, en el que existía la pretensión de actuar al margen de la política y así no se indagaba el orígen o formación de la ley; sobre todo porque no había Constitución por encima.

El caso es que ojeando el libro veo su capítulo VI dedicado a El problema del valor en el estudio administrativo. Y así dice que para los que consideraban la separación entre Administración y Política no existía problema de valor. Y empiezo a comprender que, dado el actual predominio político y la tendencia hacia la dictadura o poder absoluto del Ejecutivo, no existen valores sino hechos y sin necesidad de cambios la Constitución se nos cae por si sola. Lo que importa es la política o tendencias políticas de una mayoría, que puede formarse al gusto del que manda, ya que la ética no es algo cuya existencia sea comprobable, no es un hecho y es un valor y además adaptable a cada individuo y a su interés. Y así también el interés público no es un hecho comprobable y se nos cae el Derecho administrativo como ciencia y la Política como hecho moral, y no existen valores aunque el Derecho y la Constitución los recoja.

Preside nuestra vida un marcado positivismo que produce corrupción, que puede siendo general, que si es un valor lo es de unos y no de otros, de modo que el Derecho es simplemente interpretable como valor a conveniencia.

Y así también llego a lo que es mi idea de que la Administración debe ser estudiada desde distintas ciencias y abarcar,  más allá del hecho, la metafísica. Con lo que nunca se puede dejar de estudiar y pensar y ahí está el verdadero progresismo. Quizá todo sea un hecho sociológico.

Me educaron con valores y por eso hierro tan a menudo, ya no importan.

lunes, 19 de mayo de 2025

LUCHAR POR EL DERECHO.

Al tratar del fin del derecho venia a proponer, en cierto modo, la necesidad de investigar el derecho y los hechos como realidad material para realizar una valoración del verdadero fin, razón o causa de una norma o de una proposición. Casi como una constante pregunta: ¿ qué hay detrás de esto?

Y la verdad es que abrí una caja cargada de cuestiones científicas y filosóficas y de posturas diferentes en el rol o fin de la administración pública. Hay tal como se expresa en la obra de Dwihgt Waldo Estudio de la administración pública", la existencia en el siglo XX de un movimiento filosófico "encaminado a la separación de las categorías de hecho y valor".

Y más allá de las consecuencias de ello o de la posición contraria, relaciono esta dicotomía con la cuestión de la lucha por el derecho, bien vista como un conflicto de intereses a resolver política y legislativamente y con la interpretación administrativa de las ambigüedades contenidas en la norma, o bien como una lucha para imponer o establecer unos valores sobre otros. Y al escribir esto me acude la consideración que básicamente el contenido del derecho como valor y con menor ambigüedad se ofrece en la Constitución y de ahí su importancia y de que el Tribunal Constitucional no sea un instrumento político sino de los valores de la norma y factor esencial en la lucha por el derecho y me aparece en ello esa separación entre valor y hechos o realidad y esta resulta ser un factor de eliminación de la lucha por el Derecho y los valores a considerar.

Así pues la primera lucha por el derecho se muestra en la fase de formalización de las leyes o normas mediante la participación de los intereses grupales en juego y su valoración preferencial, en la que sin duda ya influye el valor pretendido por el órgano político que propone la norma y la redacta, pero también por el hecho que oculta realmente el texto; es decir, su verdadera o real finalidad que no se manifiesta en aquél.

La segunda forma de lucha parte del sentimiento de injusticia que la noma produce en la sociedad y en sus grupos de intereses o valores morales que la informan o regulan de modo general o abstracto, que acaba frecuentemente en un juicio jurisprudencial. De nuevo el valor y el hecho se muestran, el valor es la independencia del poder judicial y constitucional, el hecho la forma de su designación, político o de mérito, preparación, capacidad y experiencia y su real formación técnica.

Para esta lucha se necesita una sociedad fuerte imbuida de su ser y el deber ser que le corresponde y no acomodada y dependiente, si no es así la lucha es titánica y el individuo sucumbe en la injusticia y el engaño, incapaz de asumir valores y aceptando el hecho injusto o irracional.

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