martes, 7 de julio de 2015

GESTIONAR LA SELECCIÓN DE PERSONAL

Dudaba si dedicar esta entrada a los problemas actuales de Europa debido a la situación de Grecia o al escogido, finalmente, sobre la gestión de la selección de personal ya que el primer tema necesita que mis ideas, que no conocimientos, se asienten más. La noticia en la prensa de que la carretera A-3 en dirección a la población de Cheste se había visto colapsada debido a la afluencia de personas que se dirigían a presentarse a unas oposiciones a personal docente en las especialidades de Infantil, Geografía e Historia, Procesos de Producción Agraria (Secundaria) y Operaciones y Equipos de Producción Agraria (FP). Oposiciones que habían firmado 16.120 aspirantes frente a 655 plazas. Los recuerdos de mis tiempos de encargado del Instituto Valenciano de Administración Pública y de la organización de las primeras pruebas de acceso a su Administración vinieron a mí y con ellos problemas y anécdotas que me evidenciaron que la gestión de pruebas selectivas puede ser un problema y que un fracaso en ello tiene indudables consecuencias, pese a que para los principales responsables de la Administración pueda parecer una cuestión simple o rutinaria. Igualmente rememoré acontecimientos vividos en la gestión de la provisión de vacantes en la enseñanza.
Creo que la principal preocupación por mi parte era considerar que todos los firmantes de una oposición podían realmente presentarse, caso o cálculo que nunca entra en las previsiones normales ya que habitualmente hay bastantes no presentados. Pero el hecho de contar con espacio suficiente para celebrar unas pruebas en que se produjera lo impensable era uno de los elementos que mayor seguridad me otorgaba. En el caso que hemos reflejado no es este el problema presentado sino el hecho de que 2000 de los 16.000 aspirantes acuden al lugar de las pruebas y han de hacerlo por carretera y la afluencia conjunta provoca el colapso y las pruebas han de comenzar una hora más tarde. La crítica, como verán los que hayan leído, o vayan a leer, el enlace, surge de inmediato y así se reclama que debieron fletarse autobuses, etc. En fin, el caso sugiere las múltiples consecuencias que hubieran habido si algunos no pudieron acceder a las pruebas que pueden llevar años preparando.

He vivido distintas situaciones en relación a pruebas selectivas y en procedimientos de provisión de puestos de trabajo, en este caso también de docentes y se pasa mal cuando el imprevisto se produce y la solución se ha de improvisar. Expongo algunas cuestiones que he vivido. A las primeras de cambio, en las primeras oposiciones a auxiliares de la Generalitat, sentados y distribuidos todos los opositores, la comunicación policial de que ha habido el aviso de una bomba, con la inmediata cuestión de si se desaloja o no. Las posibilidades de falso anuncio eran sensibles, por ello mientras los opositores realizaban sus ejercicios la policía revisaba cada rincón. Falsa alarma y respiro hondo.

Antes de las pruebas en sí mismas, un asunto importante son su contenido y su preparación, en la que lo principal es que no haya filtraciones y que apenas nadie conozca aquél. En Valencia debido a un empeño mio no hubo inicialmente programas por temas o lecciones sino que los programas eran los de asignaturas que formaban las materia de conocimiento de cualquier funcionario, adaptadas al nivel del funcionario a seleccionar. Derecho administrativo, por ejemplo: Conceptos de ley, reglamento, acto. Clases de actos. Procedimiento administrativo etc. Ello producía un margen muy sensible de inseguridad pero evitaba que verdaderos loritos repetitivos de temarios memorizados se convirtieran en lo más brillante de los opositores. No entro en todo lo que el sistema pretendía y cómo y a través de qué pruebas, pero las academias de preparación quería un programa con los temas y cuestiones perfectamente determinadas, insaculaciones, sorteos etc. Mientras cara a los test o los ejercicios escritos y orales no se sabía cómo iban a ser y ello lo aprovechó un espabilado señor para editar un librito que decía que eran las respuestas a los tests de las pruebas de la Generalitat, donde se preguntaba sobre los pingüinos de la Antartida y más solemnes tonterias y que la prensa recogió como ciertas. ¡Imagínense el revuelo político¡ Hubo que desvelar el contenido de lo que se preparaba a los máximos responsables políticos y visto que la realidad no tenía absolutamente que ver con lo publicado, las críticas al periodista fueron subidas de tono, mientras que él, visto que se había precipitado, quería arreglar el asunto hablando del IVAP y nuestra labor, cosa que hizo, para figurar o publicarse en la entonces llamada Hoja del Lunes. Cosa que le dio tiempo a "vengarse" de las declaraciones del conseller, añadiendo de su cosecha, antes de reflejar la entrevista y sus conclusiones, que el conseller no se enteraba del contenido de las pruebas, que no era un experto, que quien conocía la materia era el director del IVAP. Total que parecía que me lo había montado para promocionarme. Sea como sea el contenido de las pruebas ha de ser secreto y la lucha por obtener información de sindicatos y preparadores era enorme y la presión también. Las pruebas habían de ser custodiadas en todo momento y en su impresión  y elementos utilizados para ello también, para evitar filtraciones. Algo siempre difícil y que requiere organización y vigilancia. Hemos visto anulaciones de oposiciones al conocerse filtraciones. La profesionalidad de los gestores es una exigencia y las responsabilidades han de estar delimitadas con claridad.

Por lo que hace a concursos de provisión de puestos, en el campo docente de primaria o EGB, también he vivido situaciones que hoy son anécdotas pero que fueron problemas serios en su momento. Dos acontecimientos, después del Concurso nacional de traslados, eran actos masivos  y públicos con concurrencia de mucho persona: el concursillo para elegir centro en las localidades de más de 10.000 habitantes y la adjudicación de destinos provisionales y después de interinidades. En un concursillo, al llegar al centro donde debía celebrarse, nos anuncian que los locales habituales al efecto no estaban utilizables y nos remiten a una pequeña aula de ciencias naturales, en la que todo el personal no cabía y con las quejas correspondientes y algunos anunciando el posible hundimiento del lugar. Ante la posibilidad hubo que improvisar, llamar por grupos según el orden de elección y utilizar las pizarras para indicar las vacantes elegidas, las adjudicadas y las producidas para el segundo turno o vuelta y así hasta acabar. Hubo que improvisar y no asustarse. Un fracaso en la adjudicación de plazas es un fracaso administrativo y político.

Otra ocasión similar ocurrió cuando existía ya una oposición política  y los sindicatos y la izquierda intentaban boicotear estos actos que tenían que realizarse con asistencia policial. Los futuros responsables con el socialismo de la educación eran entonces los ocupantes de oficinas públicas y lugares de celebración de actos. Cerrados los accesos mediante silicona se consigue abrir uno y se pasó a dejar pasar a los situados ante él mediante identificación y señalamiento en la lista alfabética. Por ello comienza una presión desde el exterior que abre totalmente las puertas y se invade el local. La policía identifica hasta un tramoyista del Teatro Principal de Valencia como pretendido profesor. Ocupado el salón de actos hubo que acudir a un sistema similar al del concursillo acudiendo a las aulas, organizando por orden de elección el acceso de los concursantes y a las listas en pizarra para adjudicar destinos provisionales. Más tiempo, más trabajo, actuar sobre la marcha, pero satisfacción final. Funcionarios que cumplían con su función más allá de lo normal dadas las circunstancias. Los políticos fuera y a la espera de acontecimientos.

Pero estas "batallitas" sólo quieren tratar de hacer ver que la gestión de esta parte de la administración de personal resulta, según las circunstancias, compleja y que de su éxito, o no, depende, por ejemplo, el normal comienzo y funcionamiento de un curso escolar y que afecta los niños y a sus padres y que por ello mismo cuando la política no es democrática el primer objetivo o engranaje a perjudicar es la administración y la gestión y la creación de espacios de descontento e insatisfacción para hacer prosperar la demagogia. La gestión de personal es parte de una política abandonada, las más de las veces en simples diletantes o de inexpertos y las leyes mal hechas y, sin experiencia de gestión, nido de conflictos.

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