lunes, 11 de diciembre de 2017

LEGALIDAD, ELECCIONES Y SOCIEDAD

Sigue siendo la actualidad la que me aporta los temas o cuestiones que me preocupan y que pueden ser objeto de tratamiento en el blog. Es evidente que ello es natural ya que los ya casi 11 años de jubilación, hacen que no sea la actividad profesional la que me ocupa, sino los asuntos propios de un simple ciudadano, si bien el derecho es siempre la base de esas cuestiones y preocupaciones, pues, además, aún no ejerciendo la abogacía, el contacto diario con mis hijos sí me aportan cuestiones jurídicas y de interpretación de la legalidad. Y esta es precisamente la cuestión principal que plantea la situación actual política y social. Y de cómo se cumple o interpreta la legalidad es la cuestión que hoy trataré de desarrollar en conexión con lo ya comentado estos días de la tendencia a la preponderancia de la política sobre cualquier otra cuestión. La política, dicho sea, en el sentido en que los políticos la suelen interpretar o hacer efectiva. Y ¿cómo considero que ese sentido o interpretación?

Lo primero que pienso es que en el político una cosa es la apelación a la legalidad como principio que inspira a la democracia y al estado de derecho y otra la consideración y ejecución de la misma en la tarea político-administrativa de cada día. La primera posición queda en realidad en mera palabrería y también en lo que políticamente resulta correcto. La segunda está siempre matizada por lo que podemos considerar como el principio de oportunidad, en su sentido amplio y más político. En esta apreciación de la oportunidad, formalmente y dogmáticamente, es el interés general el que debe ser considerado, pero en la realidad se ve matizada por muchos otros factores políticos. Aunque en todo caso siempre se diga que es el interés general el que marca la decisión concreta.

Así, no puede dejar de considerarse que los gobiernos, en principio, están configurados por políticos de un partido determinado o por varios; según como sea, la oportunidad es diferente o su apreciación se realiza de modo distinto. Pero pensando en la configuración de un gobierno monopartidista, en principio, tenemos que ese sentido de lo oportuno en la ejecución, sin perjuicio de la planificación previa o de la legislación, se haría pensando en el programa electoral correspondiente y su cumplimiento. Pero en la ejecución lo normal es que interfiera la administración pública que ha de hacer una valoración de la acción proyectada desde el punto de vista del ordenamiento jurídico correspondiente, el cual puede haberse visto teñido en el transcurso del tiempo por diferentes decisiones legislativas de distintos gobiernos y partidos en consecuencia. Por ello hay que considerar que puede producirse un proceso de interpretación de la legalidad más o menos complejo en el seno de la Administración correspondiente, formalizado o no.

Si el problema se produce en el ordenamiento jurídico subordinado o en el nivel de los reglamentos, el proceso puede finalizar en un cambio normativo ajustado a la oportunidad política, gubernamental o de partido. No se puede evitar el tener que considerar que entre partido y gobierno haya una identificación completa, en cuanto el que dirija el gobierno sea, de facto, el secretario general del partido; en este caso la oportunidad se va a determinar más o menos de modo autocrático. La legalidad, pues, o lo que es legal o no lo es, acaba en cierto modo siendo una entelequia y que sólo se concreta en actos administrativos y sentencias; estas segundas, normalmente tardías, son las que definitivamente configuran la legalidad y las que provocan los futuros cambios políticos o en las políticas públicas que se formalizan en leyes o derecho.

Esta situación hace que la interpretación "oportuna" rija un tiempo y este es normalmente coincidente con el tiempo "político" que es de corto plazo, en principio de cuatro años o periodo parlamentario y de elecciones. Y así éstas se nos presentan como un fin u objetivo de consideración por cada partido y, en consecuencia, del gobierno. Todo ello contribuye a que la ilegalidad pueda ser normal o que en su caso la legalidad no se aplique o se ejecute, por ser conveniente u oportuno no hacerlo y al producirse la inacción muchos derechos de los ciudadanos, sentidos o subjetivos, no se hacen eficaces o efectivos.

Y así entramos en lo que la sociedad puede considerar en este punto; y al hablar de sociedad hay que pensar en primer lugar en el ciudadano afectado. Y se nos presenta todo un panorama difícil de condensar, sobre todo porque la Administración pública actual no juega el papel de garantía para los ciudadanos frente a los poderes públicos, sino de aparato al servicio de los políticos. Dada la lentitud de la Justicia la situación de indefensión, para mí es evidente. Al ciudadano le importa el Derecho como legalidad y como sentimiento, no las elecciones, salvo para castigar a quien le castiga, o para apoyar unos valores; digamos para simplificar de derecha, izquierda o centro. Valores que pueden influir bastante, sobre todo cuando la educación y programas politizados se ha dirigido de forma totalitaria o antidemocrática. Cosa que hoy viene ocurriendo cada día más.

Pero el Derecho, no hay que olvidar que es ante todo orden y el orden y la ley nace para la convivencia, por lo que la ilegalidad y la falta de justicia lleva al desorden y a la reacción. Frente pues al electoralismo de los políticos, podemos decir que el ciudadano acaba prefiriendo el orden a cualquier otra cosa y entonces la democracia peligra. A esto pueden conducir unos políticos y unos burócratas encerrados en su mundo y en su partidismo y supervivencia o economía y una Administración politizada, no profesional y no neutral. Pero es evidente que en lo oportunamente político está el tachar de fachas, ultras o franquistas a quienes reclaman el orden y la consecuente eficacia de la ley y ordenamiento jurídico, pues, es indudable, que el temor en el ciudadano o político opositor a quedar como tal facha, etc., le constriñe en sus manifestaciones y actos. La ley queda sin valor y eficacia real.

Bien en esto queda mi reflexión de hoy y muchos flecos o puntos podrían haberse reflejado. pero como tal reflexión, basta con lo dicho. 




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