sábado, 29 de agosto de 2020

IDEOLOGÍA, CENTRISMO Y GESTIÓN

Escuchaba no hace mucho una entrevista al alcalde de Madrid, Sr Martínez Almeida, en la cual venía a considerar unida la ideología, la suya, a la buena gestión. Este hecho y sus palabras me hicieron enseguida reflexionar, porque algo en esta conexión me chirrió. No puedo evitarlo soy hombre de conceptos. Además se refirió al centrismo, más bien dijo que su partido era la centralidad del centro-derecha, para explicar cómo podían conseguir los votos para gobernar. En resumen, en su discurso estaban presentes y, más o menos, conectados, ideología, centrismo y gestión. Eso voy a tratar de concretar o dilucidar.

Lo primero que me viene en mente es que si queremos buena gestión hemos de votar la ideología del centro del centro-derecha. La verdad, esto me lleva al centrismo, y también  aquí lo primero que me viene en mente es que es un invento dirigido a las elecciones. El centro, diríamos quiere ser carne y ser pescado. Pienso que en su tiempo existían partidos que se denominaban moderados. La moderación supone que gusta, pues, de alguna carne y algún pescado, por así decirlo, sin dejar de lado las verduras. También que no hay blancos y negros y que existen los grises.

Pero, ¿tiene esto algo que ver con la buena gestión o, simplemente con la gestión? Desde mi punto de vista como administrador general que fuí, en principio, diría que no. La ideología lo que puede determinar es un tipo o clase políticas públicas que repercutan en la gestión, lo cual tampoco implica que ésta o una política determinada vaya ser buena o mala. También creo que la política pueda ser posible o imposible, en el primer caso su gestión puede ser buena o mala, en el segundo mala por fuerza. Ideología y políticas públicas pues sí parecen ligadas o en posible conexión. También siempre guardan relación con lo medios o recursos necesarios para ser eficaces y hay ideologías que llevan a políticas que determinan más gasto o necesitan más recursos y que conllevan gestiones complejas y que pueden resultar fallidas o que carezcan de presupuesto, como puede ser el caso de las subvenciones. El gasto mayor o menor influye en la sociedad y su configuración, lo que ya sí se relaciona con la ideología sea socialista o liberal, por ejemplo, y consecuentemente afecta a la gestión y sus modos.

La gestión no hay que conectarla con la ideología sino con la administración y su configuración.

Vamos al centrismo. La calificación de derecha o izquierda, supone ya una valoración ideológica que implica la existencia de unos valores y unas tendencias a determinadas políticas que, repito, afectarán a la gestión. Pero el centro tanto se califica como de derecha o de izquierda, con la novedad del alcalde de Madrid que crea el centro del centro derecha, lo que dejaría un centro de derechas más a la izquierda que el PP (quizá el espacio que pretende ocupar Ciudadanos) O sea un galimatías, que sólo puede explicarse desde el punto de vista de los votos y de alcanzar el poder o el gobierno, lo que ha de llevar a políticas, o programas sobre ellas, que se presenten aceptables para todos los moderados de izquierda y derecha o que simplemente valoran la política que es favorable a sus intereses o que les permite votar a la contra.

Ello acaba, en la gestión parlamentaria, en la aceptación de enmiendas que contradicen los principios de partido que gobierna y las leyes se hacen ambiguas o permiten soluciones, aplicaciones o interpretaciones distintas según quien gobierne. De lo contrario, la ley también cambia en cuanto cambia el signo del gobierno, lo que afecta no al carácter permanente de la ley sino a la seguridad jurídica. La gestión sufre vaivenes y los recursos humanos también y su número aumenta progresivamente y el gasto y la deuda en consecuencia. Y se dan programas incumplidos e insatisfechos votantes. Y la iniciativa económica se retrae.

De otro lado, es cierto que gobernar ha de ser para todos y cabe preguntarse si para ello es preciso cambiar las bases de la ideología y centrarse o moderarse y si es cosa de hacer políticas que determinan leyes vagas o polivalentes. En democracia las minorías han de ser respetadas siempre que sean conformes a los valores y principios generales de la Constitución correspondiente. Pero, lo que me pregunto, es si ello obligatoriamente lleva a moderar la ideología o , simplemente, a aplicar bien el derecho, lo que implica gestionar conforme al mismo y al principio de legalidad. Se trata de satisfacer necesidades o derechos de todos, lo que incluye los de las minorías y eso al ser en democracia, ha de ser conforme o corresponder a cualquier ideología.

Puede que la social democracia, por ejemplo, fuera una ideología que satisficiera a muchos, en cuanto las políticas sociales han de estar presentes y España se proclama un Estado social y democrático y lo social, que no es igual a socialismo, ha de ser campo de acción de los gobiernos y materia de políticas y leyes. Pero en el centro, no político puro, de todo ello está la economía y la capacidad económica de cada país, que obliga a una gestión y presupuestos y gastos e ingresos racionales o sea a una gestión posible y creadora de riqueza, para progresar en lo social, si no se puede dar lugar a la radicalidad, o a la creación de dependencias del poder público, lo que, al contrario, lleva a la pobreza y a una igualdad regresiva, que, en cambio, arteramente se denomina progreso y que crea una sociedad sin emprendedores y personas acomodadas y, en realidad, carentes de libertad para elegir. El sistema  ya no se corrompe, sino que se rompe hasta cambiar la Constitución y los valores. Y en ello estamos hoy.

En esto, el Sr. Martínez Almeida, si puede llevar razón al ligar ideología a gestión, en cuanto ésta ha de considerar la economía y las consecuencias de la gestión actual. Pero ya vemos que la ideología en el centrismo y su ambivalencia puede haber contribuido a la situación actual en radicalización y en las dependencias actuales y tendencias al totalitarismo.




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