domingo, 3 de junio de 2018

DEMOCRACIA, PUEBLO, PROGRESO Y DIÁLOGO SÓLO PALABRAS VACÍAS DE CONTENIDO.

Estos días de acontecimientos políticos importantes se nos ha mostrado la gran variedad de conductas políticas dirigidas a tomar el poder y, por supuesto, también la estructura estatal administrativa (hoy dicen que cesan 1.300 cargos) y con todo ello se muestran igualmente los vicios que nos corrompen. Pero sobre todo, se han repetido estos días la serie de palabras o términos habituales que apunto en el título de la entrada que por distintos según cada pensamiento han acabado vacíos de contenido y significado. Valen para todo y para cualquiera, aunque los que los utilicen estén cada uno en las antípodas del otro. Las palabras que deben ser elementos de unión lo son en realidad de confusión  y engaño. Puede que todo forme parte de la estrategia seguida para lograr eso que se llama el pensamiento único, pero eso lo dejo para los especialistas en el tema. Vamos con cada uno de los términos que he escogido.


Así definiciones y conceptos de la democracia podemos encontrar múltiples y la utilización del término tanto lo es por liberales como por totalitarios de izquierda, lo que constituye en sí una contradicción insalvable o la muestra de ideas distintas. Pero para continuar y no perderme en toda la complejidad que todo esto implica, partiré de la idea primaria de que se trata de el gobierno por el pueblo. Pero esto no nos dice nada y si pensamos en el pueblo como realidad puede que tuviéramos que acudir a la idea de aristocracia y a Aristóteles y Platón y su valoración sobre la división de los gobiernos. A efectos de repetir lo mínimo posible las ideas, en cuanto a la situación actual del uso del término democracia remito a esta entrada anterior. Sea como  sea, de acuerdo con estas ideas la participación del pueblo, en realidad de los ciudadanos como pueblo sujeto y objeto de la actividad política, es la idea esencial y conforme a nuestro ordenamiento jurídico  y se puede decir que esta participación tiene como puntos esenciales el proceso electoral y el acceso a los cargos y funciones públicas, pero también el control de los gobernantes. Idea que convierte a la función pública profesional como elemento esencial de participación ciudadana, en cuanto actividad profesional y garantía de eficacia administrativa y jurídica, Por eso, al final, la afirmación de que la democracia se basa en la ley y su cumplimiento es también idea básica, requiriendo que la ley se haya configurado conforme a derecho y al procedimiento que una constitución democrática exige. No se puede alegar a la democracia como base para el quebranto de las leyes formalizadas según el sistema establecido constitucionalmente, porque precisamente es la forma de destruir la democracia. Ello quiere decir, igualmente, que la vinculación de la democracia con la ley y el derecho es un paradigma, pero también, en consecuencia, lo es la vinculación con el orden y la convivencia y el procedimiento y las formas como garantía.

Al vincular la democracia a la soberanía del pueblo y en su participación en las leyes y en su cumplimiento, ya aparece la relación con el segundo término enunciado como falto de contenido. La soberanía del pueblo como fundamento de las más opuestas y contradictorias decisiones o propuestas es una norma demagógica habitual. El pueblo sólo puede ser considerado en sus manifestaciones a través de los procesos electorales y procedimientos de participación legalmente establecidos y con procedimientos reglados que garanticen su realidad y legalidad, sin posibilidades de manipulación. Y se participa como ciudadano, sujeto activo y pasivo de la legislación y la administración pública. Este "pueblo", como en la actualidad, sufre situaciones de la máxima transcendencia en las que los intereses de partido eluden la participación ciudadana en un proceso electoral necesario para saber lo que el ciudadano quiere respecto a quién le ha de gobernar, como ocurre en la reciente moción de censura y cambio de gobierno, en la que los partidos políticos atienden únicamente a sus intereses y no al general (concepto también vaciado de sentido). Parece que sólo, formalmente, las mayorías absolutas conseguidas manifiestan una voluntad. Pero ni siquiera en estos casos la voluntad es más que un resultado y no manifestación de la causa o el efecto querido, salvo el de cambiar la situación anterior. Aun con mayorías absolutas hemos visto que un gobierno puede no cambiar nada, ni cumplirse el programa electoral del partido votado por mayoría, pues, en realidad la voluntad popular no es una propuesta concreta de políticas públicas determinadas y el "pueblo" (en realidad el ciudadano) puede ver burlada su voluntad de cambio, hasta que de nuevo pueda votar. ¿Hay, pues, una soberanía popular?

Y ¿qué es el progreso si atendemos a lo social y político? Adelanto y resumo mi opinión. El progreso es el avance en la convivencia y el Derecho es el medio esencial para ello cuando deriva de procedimientos fruto de la participación y previa una educación libre y acorde a la historia, la moral y la ciencia y alejada del adoctrinamiento; la educación, por tanto, que no permite la mentira y sí en cambio la configuración de la propia opinión y conocimiento en plena libertad y desarrollo de la personalidad y con respeto a la configurada por cada uno de los otros; todo siempre de acuerdo con la ley. Así hay que deducirlo de nuestra Constitución y en principio de su artículo 10 y también del 16, 20, 23 y 27. Cualquier imposición, desinformación, tendencia a la unificación de ideas y pensamiento o leyes de memoria histórica como instrumentos políticos son aberraciones de la democracia.


Los medios públicos están obligados a respetar toda opinión y a ser neutrales y han de estar por tanto integrados como administración pública y basados en sus principios básicos y fundamentales. Todo ello sin perjuicio de que en ellos pueda mostrarse cualquier opinión o idea acorde con la Constitución y la ley.


Y, finalmente, nos queda el diálogo como otra idea vacía y demagógica. No tengo una etiqueta con este término y no puedo remitirles a cada entrada en la que me he referido al tema. Pero resumo: el diálogo como cuestión de partidos políticos suele ser una vía de ver como se incumple o burla la legalidad existente sin entrar en el complejo sistema de configurar el derecho, o es un pacto de no agresión entre partidos, en el que el ciudadano y su voluntad suele resultar mal parada. El diálogo es medio para legislar no para gobernar o ejecutar, salvo para reglamentar y ésto con sometimiento a la ley. El diálogo no puede ser un procedimiento que sustituya a los, constitucional y legalmente, establecidos para configurar la voluntad y el interés general y legal. Cada vez que oigo la palabra en un político o en un independentista o en un  candidato a presidir el gobierno, me echo a temblar, No es ni siquiera un todo para el pueblo pero sin el pueblo. Es un: sin el pueblo y sin la ley.

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