domingo, 14 de abril de 2019

IMPOTENTES E INDEFENSOS O EL PODER PÚBLICO COMO PODER JURÍDICO.

Más allá de la dificultad de definir lo que es el derecho, es indudable que su eficacia hoy no depende del esfuerzo individual y por ello la persona el individuo en este aspecto depende totalmente del poder público y esta dependencia es mayor o menor en la medida que el poder político sea o no democrático en un sentido moral y de justicia. Pero nuestra dependencia es evidente. Y el sentimiento del derecho y la necesidad de su lucha por él surge también  de las necesidades, deseos e intereses de cada persona. Habrá quien nunca sienta la necesidad de esa lucha y quien cada día se vea acuciado por ella. Si somos pues dependientes del poder público, ¿en  qué medida estamos impotentes o indefensos?

También la consciencia de esta impotencia e indefensión depende de cada sujeto. Pero independientemente de ello, la construcción y estructura de nuestro sistema jurídico, ya de por sí, es determinante y el hecho de que en realidad hoy la principal fuente de derecho, si no la única, es el Estado, es bastante para manifestar la dependencia de él y, en consecuencia, exponer las impotencias e indefensiones ante dicho poder.

Sí, además consideramos, que tal como Villar Palasí nos dijo, el derecho es una dinámica de intereses, tenemos que acabar considerando que el individuo por sí solo no puede hacer valer plenamente su interés frente a la formalización de la norma o su ejecución y que en esa fase de emanación y construcción del derecho como norma, es mejor la unión con aquellos que tiene el mismo interés, de modo que la lucha por el derecho más que individual es colectiva y que la asociación es el medio para ello, con lo que el individuo se enfrenta a una nueva dependencia.

De otro lado, la configuración del poder público, su división, es otro elemento fundamental. En la medida en que cada poder público no es independiente, en que no existe real separación, el individuo está más indefenso y más inerme ante la corrupción del sistema que la teoría nos describe. Si el poder lo domina únicamente el poder político y ejecutivo ¿no es evidente que no tenemos ninguna garantía? Si como he dicho en otras ocasiones, la política lo domina y preside todo, ¿que garantías tenemos que nuestros sentimientos, ideas, valores, etc. serán trasmitidos o podrán valorarse? Por eso el poder absoluto en la actualidad parte de la dominación de la educación y de apartar al individuo y a la familia del derecho constitucional a la libertad de enseñanza y de imponer, de modo contrario a la igualdad  y al derecho de los padres, unos contenidos contrarios al mismo. Una parte de nuestro ser se evapora en el tiempo en que perdura esta apropiación de derechos fundamentales y en la medida en que el poder público crea el derecho, pero al mismo tiempo no pretende cumplirlo, sino que se sitúa por encima de él y lo utiliza o interpreta a su conveniencia. Por eso la segunda gran apropiación es la de la organización de la justicia y de la carrera judicial. Si ya no están adoctrinados por la educación recibida, quedarán dependientes de la benevolencia y voluntad de aquellos que dominan el aparato del Estado.

Tampoco hay que olvidar que el sistema judicial o de justicia está condicionado por la acción procesal y ésta por el derecho subjetivo. De este modo, paradójicamente, el individuo que nada puede por si solo ante el poder público, es, normalmente, el único que puede accionar ante el poder que dice lo que es el derecho en última instancia y, aún así, este derecho subjetivo se limita con conceptos abstractos que permiten a los tribunales no admitir la demanda consiguiente, sujetando a dicho derecho a una lucha interminable contra barreras y obstáculos creados por la burocracia judicial.

Así pues el derecho que no es aún subjetivo queda, en su eficacia, al arbitrio del poder público y sólo cabe esperar a unas elecciones y nada se puede hacer contra este hecho, agravado porque la formación de los votantes ya no haya condicionado todo el sistema o que su dependencia del poder no le cautive su voto. Y no entremos a valorar el sistema electoral, porque no acabaría.

Si la situación que describo es la actual, no me cabe duda que los ciudadanos, los simples ciudadanos, están inermes e indefensos en general, ante el poder público corrupto.





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