viernes, 1 de septiembre de 2017

LOS MALES DE ESPAÑA SEGÚN FRANCO

En muchas ocasiones al ver los acontecimientos políticos y las actuaciones administrativas y los problemas de gestión que surgen en nuestras administraciones públicas y la evolución que éstas han sufrido desde 1964, fecha en la que yo ingresé en la estatal, acuden a mi memoria las palabras que creo que escuché decir a Franco en uno de sus discursos o arengas, que a ella acuden con la vocecita que caracterizaba al dictador.Y así oigo "los males de España son los nacionalismos, los sindicatos y los partidos políticos". 
Y la verdad a riesgo de ser tachado por los lectores de facha, es que hay mucha ocasiones en que uno acaba pensando lo mismo, ya que estas instituciones parecen empeñadas en darle la razón. El Movimiento Nacional, sistema político franquista y su organización obedecían sin duda a esta opinión del dictador. también es cierto que no dudo de que entre los males incluía a la prensa, pero a ésta la tenía férreamente controlada y censurada en su caso.

Esta postura, no hay que olvidar que obedecía a una reacción a los acontecimientos del final de la Segunda República que condujeron a la guerra civil. Toda reacción obedece a una acción y el efecto que ésta produce y trata de evitar el mismo y lograr uno contrario y en la medida que el efecto que se considera negativo persiste, cansa y desprestigia a quienes lo permiten  y los reaccionarios son más y los que no lo son directamente aceptan que el efecto desaparezca porque ya se considera un mal. De otro lado, todo sistema político requiere un sistema administrativo y si éste no es neutral y profesional se produce el caos y si, además, los sistemas políticos y los administrativos se han multiplicado por diecisiete como en la actualidad, qué les voy a contar al respecto.

Pensando en todo esto y al comentarlo, es natural que considere que cada una de las instituciones que Franco consideraba males, no pueden serlo en sí mismas, su corrupción es la que las convierte en un mal, en cuanto se desvían de sus fines y del interés general y de los intereses públicos. Igualmente, aparte de estos dos intereses, me acude la idea del servicio público, concepto que el derecho administrativo ha tratado desde todas sus versiones y, sea cual sea la que se mantenga, hay que considerar que en los tres casos o instituciones lo que se resiente es el servicio público. Y en especial ello se produce cuando son los sindicatos o las huelgas las que le afectan, ya que éstas atacan a la raíz del concepto, que es la que promueve que una prestación y la organización que la realiza hayan de ser de titularidad pública; es decir, cuando la prestación es una acción que en virtud del interés general y su universalidad ha de ser prestada por la Administración Pública o el Estado y se exige su continuidad y su no interrupción, según bases que el derecho administrativo recoge. El servicio público está marcado en su amplitud y concepción por las ideas políticas liberales y por las socialistas; pero sea como sea cuando sufre, cuando cae, cuando no se presta, es el ciudadano el que sufre.

Hoy ante los últimos acontecimientos, ante el hastío que provoca la conducta de los partidos políticos y el alejamiento que demuestran respecto de los problemas más importantes y su actuación dirigida a su propio beneficio y continuidad en el poder o en el sueldo, hay que considerar que los males citados parecen existir y que el ciudadano puede reaccionar al margen de lo que digan las encuestas. De otro lado, parece que el estado no tiene poder ejecutivo ni administración salvo por lo que respecta a la Hacienda Pública y su fiscalidad. Demasiados factores que pueden conducir al hastío citado.

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