jueves, 26 de marzo de 2020

CENTRALIZAR PERO CON CONOCIMIENTO.

En mi tierra existe el dicho, cuando llueve de modo reposado y no torrencialmente, que plou però plou amb coneixement (llueve pero llueve con sentido). Lo cito dado el título de la entrada. Es decir, se podría decir hoy:

Centraliza pero centraliza con conocimiento. Ya que la centralización provocada por la gestión derivada del coronavirus ha mostrado lo que se llaman efectos perversos, pero que también obedecen a lo que, machaconamente, vengo apuntando de la imprevisión y de la situación de nuestras administraciones públicas.

En principio, la decisión de centralizar las decisiones respecto de la crisis del coronavirus parece plenamente racional y conlleva una unidad de mando. Pero la realidad es que llevamos muchos años de descentralización y, no creo equivocarme, la administración central  en teoría redujo sus efectivos pero, quizás los profesionales o se jubilaron los más expertos en un modelo centralizado, mientras que aumentaron los puestos políticos y de confianza, inexpertos y sin capacidad. Lo que parece indudable, pues, es que su gestión se vio reducida al centro y las instituciones que aún actúan en la provincia y, por supuesto, a las delegaciones del gobierno. Ignoro por ejemplo si subsisten las juntas de contratación centralizadas o cada ministerio tiene las suyas, pero en materia de sanidad esa gestión contractual de adquisición de medios para hospitales y organización sanitaria se realiza por las comunidades autónomas. Y principalmente por el procedimiento marcado por la legislación de los contratos del sector público. Concursos básicamente.

Con ello lo que quiero, en resumen, apuntar es que antes de proceder a la centralización, resulta ahora a la vista de la situación, que no se estaba en condiciones de actuar con eficacia y que la coordinación ha fallado también. No puedo, como es natural, conocer las circunstancias concretas y tampoco que efectos nos puede traer el regreso de la gestión a las comunidades autónomas, pero también su eficacia y presupuesto puede influir a la hora de obtener los recursos y medios necesarios y conducir a decisiones diferentes y puede que a desigualdades entre comunidades. Hay que tener en cuenta que el peligro de la insolidaridad existe y ya radica en la descentralización, si la administración central o estatal, como aquí viene ocurriendo, no ejerce sus competencias y potestades.

Lo cierto es que sin administración profesional y con experiencia, la eficacia no se da o es poca. Desnudamos un santo y vestimos otro, pero a la hora de desnudar a éste, habrá que empezar, no sé si, por la corona o los zapatos o sandalias. Una vez más vemos que las instituciones y los procedimientos por sí sólos no son bastante y que lo importante son las personas que las sirven o las que ejecutan aquéllos. Y, además, de ellas depende la previsión de efectivos  y recursos necesarios y la de los casos de urgencia. Para lo último tenemos una organización y unas normas sobre protección civil, en ellas debemos pensar que la previsión en casos de urgencia debe radicar, así como la coordinación.

Por último, no cabe duda de que esta situación es muy complicada, pero tampoco que teníamos los antecedentes de China y sobre todo de Italia y que desde organizaciones internacionales se nos había advertido. Creo que al escribir, a finales del mes de febrero, esta entrada sobre las normas y la urgencia  ya debía en cierto modo apuntar a lo que hoy se nos ha mostrado claramente. Una vez más, hay que insistir, la destrucción de nuestra administración pública y su función también es un factor importantísimo.



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