domingo, 16 de mayo de 2010

EL DOMINIO POLÍTICO O LA BUROCRACIA POLÍTICA

Mucho se ha escrito en este blog sobre burocracia y en sus diversas acepciones o sentidos. Lo normal en los juristas y en los expertos en Ciencia de la Administración es que el modelo burocrático weberiano sea la acepción dominante y, por tanto, que se una el concepto de burócrata y de burocracia a la aplicación del derecho y se circunscriba a los funcionarios por ser los permanentes en la organización y los profesionales. Derecho, permanencia y profesionalidad son elementos básicos en la concepción de Max Weber. Sin embargo la referencia a los burócratas y a la burocracia se aplica en muchos otros sentidos y ahora me interesa destacar aquel que conecta con la idea del poder y de su ejercicio; de ahí que muchos en la idea de burocracia referida a los funcionarios sólo se incluyan aquellos que influyen en las decisiones o las adoptan, considerando que ellos ejercen, pues, una clase de poder en el seno de la organización; este poder puede ser formal, atribuido por la normativa que regula la organización, o de hecho, proporcionado por la posición que se tiene en la misma.

Si en cambio, no pensamos en la burocracia como consustancial al funcionario profesional y permanente que, además, accede por sistemas de mérito y capacidad, y nos circunscribimos a la idea de poder en el seno de la organización, resulta indudable que los políticos entrarían a formar parte de la idea de burocracia. Viene esta reflexión primera a cuento de la relectura de algunos párrafos de la obra Sobre la libertad (1859)  de Stuart Mill, que puede que, en parte, ya haya sido comentada en este blog y que tiene que ver con el temor liberal a la burocracia. Aunque me extienda más de lo habitual, transcribo lo siguiente:

La tercera y más convincente razón para limitar la intervención del gobierno, consiste en el gran mal de aumentar innecesariamente su poder. Toda función sobreañadida a las que ya ejerce el gobierno, constituye la causa de que se difunda más ampliamente su influencia sobre las esperanzas y los temores y haga depender cada vez más del gobierno, o de algún partido que pretende llegar a gobernar, la parte activa y ambiciosa del público. Si las carreteras, los bancos, las oficinas de seguros, las grandes sociedades por acciones, las universidades y la beneficiencia pública fueran todas ramas del gobierno; si por añadidura, las corporaciones municipales, los consejos locales, con todo lo que ahora se delega en ellos, llegaran a ser departamentos de la administración central; si los empleados de todas esas diferentes empresas fueran nombrados y pagados por el gobierno y esperasen del gobierno cada ascenso en la vida, ni toda la libertad de prensa ni la constitución popular del legislativo harían libre a este u otro país más que de nombre. Y tanto mayor sería el mal cuanto más eficiente y científicamente fuera construida la maquinaria administrativa y cuanto más hábiles fuesen las medidas para obtener las manos y cabezas mejor cualificadas con que hacerla funcionar. En Inglaterra se ha propuesto últimanente que sean seleccionados mediante oposición todos los miembros del servicio civil del gobierno, a fin de conseguir para estos puestos a las personas más inteligentes e instruidas entre las que están disponibles, y se ha dicho y escrito mucho a favor y en contra de esta propuesta. Uno de los argumentos en que más han insistido los contradictores consiste en que el cargo de un funcionario civil al servicio permanente del Estado no ofrece suficientes perspectivas económicas para atraer a los talentos más elevados que siempre podrán encontrar una carrera más atarctiva en las profesiones liberales o al servicio de compañías u otros organismos públicos. Nadie se hubiera sorprendido si este argumento hubiera sido utilizado por los partidarios de la propuesta, como respuesta a su principal dificultad. Lo que es bastante extraño es que provenga de los contrarios. Lo que se alega como objeción constituye la válvula de seguridad del sistema propuesto. Sin duda si todo el talento elevado del país pudiera ser arrastrado al servicio del gobierno, una propuesta tendente a provocar este resultado muy bien podría inspirar inquietud. Si cada parte de los asuntos de la sociedad que requiere un acuerdo organizado o una visión amplia y comprensiva estuviera en manos del gobierno y si las oficinas estuvieran universalmente repletas de los hombres más capaces, toda la cultura desarrollada y la inteligencia practicada en el país, excepto la puramente especulativa, se concentraría en una numerosa burocracia, de la única que esperaría todo el resto de la comunidad: la multitud, para dirección y aleccionamiento acerca de todo lo que tuviese que hacer; el hábil y ambicioso, para el ascenso personal. Ser admitido en los escalafones de esta burocracia y, una vez admitido, ascender, serían los únicos objetivos de la ambición...

No sigo, es suficiente. Sin entrar en matices, si esto se dice pensando en los funcionarios, salvando la barrera del tiempo, ¿qué cabe decir cuando los políticos ocupan los espacios de poder de los funcionarios? ¿Qué cuando no hay independencia en el técnico, no juega su función garante y depende de su fidelidad y obediencia al político o al partido? ¿Qué cuando cualquier sector de la sociedad o sus instituciones dependen del poder político de turno? ¿Qué cuando la corrupción se integra en el sistema y sirve de arma política arrojadiza de unos contra otros? ¿Qué modelo burocrático es ese? Es un sistema de dominio que nada tiene que ver con el Estado de derecho y así estamos en España. ¿Qué diría hoy y aquí Stuart Mill?

2 comentarios:

  1. Comparto su idea sobre la burocracia en México somos maestros en ese tipo de cosas nos aplicamos en complicarlo todo y por lo mismo somos perfectos clientes para nuestros grandes politicos que nos llenan de promesas que nunca cumpliran, es trabajo de todos cambiar esto.
    Belinda P.B.

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  2. Agradezco su contribución al blog. Siempre resulta bueno conocer las opiniones y la situación en otros países y más con aquellos que guardamos relaciones históricas y culturales.

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