viernes, 2 de septiembre de 2016

LOS DERECHOS FRENTE A LA ECONOMÍA Y LOS VOTOS

Cuando el derecho no se contempla exclusivamente desde el punto de vista formal o desde el filosófico, surge una buena serie de preguntas y parece perderse su contacto con la moral y también respecto de  percepción de la existencia de unos principios generales y superiores o derecho natural que se impongan o deban ser siempre considerados en el momento de legislar o resolver.

Escribiendo esto me viene a la memoria una frase de los apuntes del maestro Villar Palasí en la que decía que el derecho es una dinámica de intereses y, compartiéndolo, no puede, sin embargo dejar de perturbarme el hecho. Veré si consigo expresar las razones para ello.
La verdad es que la razón que motiva las reflexiones anteriores trae causa principalmente en la situación que muchos ciudadanos valencianos y también de otros lugares de España sufrimos por el ruido nocturno; el cual, se diga lo que se diga y pese a la incidencia que, en algunos casos, pueda tener el tráfico, procede en el nuestro de los centenares o miles de bares con terraza o mesas en la calle.

Y es aquí donde incide el tema de la economía. Economía que hoy no tiene mayor factor que el ocio y el consumo nocturno en dichas terrazas y en general. La denominada hostelería parece la principal economía. Cuestión que guarda también relación con el turismo; en buena parte de las veces con turismo cutre de jóvenes que buscan festivales y borracheras. No tenemos, parece, otra cosa y resulta lógico que los que obtienen ganancias de estas actividades y de esa parte de basura, defiendan sus intereses. Al amparo de todo esto otra actividad molesta aparece el alquiler de pisos, dedicados a "turistas" y fiestas y algarabías. Pobre del que le toque la china. Puede parecer que exagero, pero es la triste realidad.

Es más, en Valencia, como ya he comentado en otras ocasiones, se ampliaron las aceras a una anchura que permitiría el paso de un automóvil y en los chaflanes, incluso, su aparcamiento. Esta ampliación, vendida como beneficio para los vecinos y transeúntes, era, puramente, una forma de que todo bar existente, muchas veces de forma contigua uno con otro, colocará mesas y sillas y, bajo la denominación de restaurantes, prodiguen el consumo alcohólico y el ruido nocturno. También es de suponer que ayuda a una mayor fuente de ingresos municipales.

La hostelería seria y los buenos hoteles valencianos se ven perjudicados y sus intereses también, pues sus lujos se ven inútiles si sus clientes no pueden descansar. Díganselo a los situados en la playa de la Malvarrosa o Las Arenas. Así, dentro de lo que se denomina como hostelería. los intereses están en conflicto. La Federación de hostelería pide limitación en el número de bares y refiriéndose al Ayuntamiento: el compromiso de nuestra entidad por un ocio nocturno sostenible en Valencia, capaz de conciliar descanso vecinal y actividad empresarial. Las discotecas piden que se acabe con el botellón y los jóvenes no quieren que se creen zonas lejanas a las zonas en dónde actualmente pululan. Detrás hay siempre un interés económico, si bien en los jóvenes sea el ahorro y el libre consumo, en cuantía y sin freno.

Por nuestra parte la vivienda, derecho primordial, se ve invadida por el ruido y hay una intrusión nocturna que invalida su naturaleza y fines. Y la pregunta es ¿cómo priman esos intereses sobre derechos fundamentales?. ¡Tan fuertes son los beneficios económicos¡ ¿Superan, quizá, los ingresos por los impuestos sobre bienes inmuebles? O ¿es simplemente un problema de falsa "progresia"? Quizá sea fruto de una educación, mala por supuesto, que supera a los políticos, a las leyes y a la convivencia. El deterioro social y político lo estamos viendo en estos días más que nunca.

Es posible que no haya Derecho y que los intereses económicos burlen su literalidad, y la debilidad del ciudadano normal y de la Administración pública lo hagan inútil o manejable, de modo que  los hechos que representan esos intereses se impongan y sean la realidad única.

Y la otra pregunta es la de si ¿tantas personas son las que viven del ocio o lo practican? ¿nos superan a los ancianos  o a una población cada vez más envejecida? ¿Son más importantes sus votos? Si bien, pues, parece que la economía  influya en la formación del derecho o en su incumplimiento, no parece que sea el único factor distorsionante. A lo mejor es que simplemente yo sea un "facha" en concepción de algunos "progres". O sólo un abuelo, pasado de moda, que se extingue y añora "tiempos mejores". Pero la verdad es que el espectáculo de nuestros políticos en los debates de investidura son una muestra de lo que somos y lo que hacemos de España.Y si eso es así en las más altas instancias, imagínense en las menores y municipales. Un circo romano, con los ciudadanos como victimas, dependiendo de edad y formación. ¿Exagerado? Todo depende de los intereses y éstos de nuestras circunstancias personales.

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