viernes, 28 de septiembre de 2012

LA LEY, CIMIENTO DEL PODER PÚBLICO

Parece, ante la actualidad que yo siento, que no tengo más remedio que seguir hablando de la ley, su cumplimiento y del principio de legalidad como base del sistema y del Estado de Derecho, pues de las cuestiones que suscitan mi consideración y necesidad de manifestarme y comunicar todas acaban teniendo como punto final o central a la ley, su eficacia, la justicia y, en buena parte, la moral y la educación. He de confesar que me afecta y preocupa y puede que influya, a no dudar, mi edad y los antecedentes históricos de España que no pueden ser desconsiderados. De otro lado, al no estar en la brecha y llevar jubilado ya algunos años, puede también que no esté al día y, por ello, buscando entre los españoles, políticos y filósofos, no encuentro una figura referente que se eleve hacia la excelencia, ni siquiera, tal vez, hacia lo notable. ¿Es que nos dirige la mediocridad? ¿Es todo tan zafio y vulgar como yo lo veo? Quizá esté cayendo en un pesimismo o en un abatimiento profundo del que nos habla el Rey de España.

En buena parte de los problemas que más directamente me afectan, que tienen que ver con el ruido y que ello me sume en una permanente ansiedad, ante el más ligero síntoma de que se me avecina una noche de insomnio o una invasión de mi intimidad hogareña, por los amigos del morapio y la juerga nocturna y callejera o por estudiantes vecinos aulladores ante los resultados o logros del juegecito de la consolita de turno, a la que, por supuesto, atienden más que a los libros. Ahora mismo, mientras escribo (mediodía) sus aullidos (gritando en comandita ¡¡¡Gooool¡¡¡) atraviesan paredes y habitaciones poniendo mis nervios de punta. Es ante todo un problema de educación pero es un problema de falta de autoridad, de administración eficaz, de convivencia y de eficacia de la ley, cosas estas que no se producen a la hora de valorar el impuesto respecto de mi vivienda, siempre en alza cuanto menos vale y más expuesta está a la invasión ajena. La noticia de hace una semana justa, (veremos hoy) era que miles de universitarios, ¿?,  vuelven a tomar las calles para hacer botellón y que los clientes de los hoteles de las Arenas los abandonan afectados por el ruido. Años y años de ineficacia, de permisibilidad, de normas que resultan papel mojado y sentencias que han costado sudor y lágrimas echadas a la papelera y siempre hay un problema de educación y uno de mala administración y de políticos comprensivos y partidarios del compadreo, del "hablando se entiende la gente" y cualquier otra evasiva que les permita evite el cumplir la ley que se han visto, al parecer, "obligados" a dictar. Es imposible que sea por ello, dada la calidad de nuestros políticos, en este caso locales, pero puede que algún "sabio del partido"· haya leido a Habermas y utilice o malinterprete cosas como ésta: "en el aspecto motivacional se mantiene la duda de si es posible estabilizar a una colectividad de cosmovisión pluralista desde lo normativo (es decir, más allá de un mero modus vivendi) sobre la base de un consenso de fondo que no pasaría de ser, en el mejor de los casos, un consenso meramente formal, limitado a procedimientos y principios." y aplique el consenso, extendiéndolo a eso de ejecutar o administrar, que por lo primero y por lo de ejercer autoridad pueden ser considerados un ejercicio fascista. 


Como ya me he desahogado por hoy y ya que he utilizado palabras de Habermas en el famoso debate de Munich con Joseph Ratziger, acabemos con otras de éste en el mismo momento:"En un sentido concreto, es tarea de la política someter el poder al control de la ley a fin de garantizar que se haga un uso razonable de él. No debe imponerse la ley del más fuerte, sino la fuerza de la ley. El poder sometido a la ley y puesto a su servicio es el polo opuesto a la violencia, que entendemos como ejercicio del poder prescindiendo del derecho y quebrantándolo. Por eso es importante para toda sociedad superar la tendencia a desconfiar del Derecho y de sus ordenamientos, pues sólo así puede cerrarse el paso a la arbitrariedad y se puede vivir la libertad como algo compartido por toda la comunidad. La libertad sin ley es anarquía y, por ende, destrucción de la libertad. La desconfianza hacia la ley y la revuelta contra la ley se producirán siempre que ésta deje de ser expresión de una Justicia al servicio de todos y se convierta en producto de la arbitrariedad, en abuso por parte de los que tienen el poder para hacer las leyes."

En resumen, una vez hecha la ley toca a toda clase de poderes ejecutivos hacerla eficaz no relegislar a conveniencia partidista y personal, porque ello resulta otra forma de arbitrariedad. Aunque en el aire quedan unas preguntas, como ¿quién es hoy el más fuerte? o ¿es cosa de ignorancia o mala fe? ¿hay  hoy algo compartido por toda la comunidad? ¿es lo formalizado vano e inútil?


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